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Ante la quinta sustitución autorizada

En esa regulación que le diferenciaría del común de los deportes de conjunto, el futbol se aferraba a un elemento propio del ejército: sin importar las lesiones o indisposiciones (por ponerlo en términos militares, sin importar las bajas), prohibía realizar modificaciones.

A lo largo del primer siglo de futbol regulado, los once elegidos para empezar un cotejo estaban destinados a cerrarlo. De ahí viene la vieja tradición de que si algún jugador se lastimaba, incluso de cierta gravedad, se le mantenía en la cancha haciendo bulto, de preferencia en ataque. No pocas veces ese futbolista adolorido y rengueante terminó por anotar el tanto de la victoria, dando sitio a lo que en España se apodaba el “gol del cojo”… o el picaresco “gol del vivo”, porque hubo varios que fingieron no poder dar paso y de pronto, ¡o milagro!, aceleraron para rematar a la red.

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