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Para el común de los antiguos griegos que deseaban conocer su futuro estaba el Oráculo de Delfos.
Para aquellos con mayor grado de confusión, había otro santuario mucho menos célebre: el del héroe o semidiós Trofonio, ubicado en la ciudad de Levadea y separado de Delfos por escasos cincuenta kilómetros (de hecho, narra Homero que el propio Trofonio había construido el Oráculo de Delfos).
