Mayor obstinado no ha existido en la historia de este deporte. Alguien más inconforme, menos autocomplaciente, tampoco. Quizá porque este narciso se ama tanto, se exige más. Y quizá porque se continúa exigiendo, la insatisfacción convertida en modo de vida, teje su camino rumbo a otro nivel de perfección.
Podemos imaginar al casi adolescente Cristiano Ronaldo, recibiendo para comer a Patrice Evra, como su antiguo compañero en el United ha relatado.
