Salimos de Wembley, ocho años atrás, convencidos de que nuestro futbol ya estaba en otro nivel.
Entre que el Tri había sido campeón mundial sub-17 en 2005 y 2011, más esa medalla de oro en Londres con una soberbia camada sub-23, más la presencia de elementos mexicanos en grandes clubes europeos como Javier Hernández en el Manchester United, todo hacía indicar que al fin íbamos camino al gran salto que por décadas hemos esperado.
