En un deporte copado por adolescentes y jugado a ritmo de vértigo, lo común para los cuarentones es llevar un buen rato en el retiro o, en el mejor de los casos, ya dirigiendo. Hoy, ser veterano es mayor factor de sospecha que de halago, es convertirse en presa cómoda para la crítica que, a la menor provocación, señalará como decrépito a quien no se supo o quiso ir mucho antes.
Por Alberto Lati 17 de mayo, 2016


