Desde hace ocho meses, lo mismo da. Ocho meses, justo desde que el Leicester City optara por dejar de ser especial y se convirtiera en un equipo común y corriente (incluso más lo segundo que lo primero). Ocho meses, cuando se atrevió a echar al director técnico que había desencadenado el mayor milagro en la historia de las grandes ligas europeas o, acaso, del futbol en general.
Por Alberto Lati, 20 de octubre, 2017


