Que no hay mudanza fácil, lo sabe hoy una de las aficiones más fieles de las islas británicas. Ni siquiera cuando se trata de desplazarse a un sitio más cómodo, privilegiado o moderno; se modifican rutinas seguidas de manera casi inconsciente, se alteran rituales que se consideraban intocables, se abandonan prácticas heredadas de algún antecesor y visualizadas para la eternidad.
Por Alberto Lati 14 de septiembre, 2016


