Por como se presentaba el partido de recalificación para Brasil 2014, cualquiera podía pensar que la selección rival del Tri era alguna potencia mundial como España, Argentina o Alemania. De ninguna forma, ese humilde representativo neozelandés, semiprofesional, sin siquiera una liga formal en su país, cuya afición se aproximaba a su partido más relevante del cuatrienio con más curiosidad que pasión, que se paraba en esa ronda clasificatoria tras golear a islas como Tahití, Vanuatu o Samoa.
Por Alberto Lati, 21 de junio, 2017
