El mundo se irá de Rusia pensando que ha conocido Rusia.
Por algo se empieza, ya es ganancia que muchos logren sacarse de la mente tantos estereotipos que, incluso, anteceden a la Unión Soviética y la paranoia de la Guerra Fría: aquellos del ruso que vive enojado y con intenciones ocultas, buscando forma de abusar del prójimo, sin escrúpulos para prostituir a sus seres cercanos, implicado en extrañas tramas de política internacional al servicio del Kremlin, sin respeto como no sea por su bolsillo y su patria, sin tregua hasta marchitar toda vida más allá de sus fronteras y sus ideas.
