En las terapias de choque, como en todo en la vida, existe cierta barrera que no puede ser rebasada: ese punto que, pase lo que pase y sin importar los graves síntomas, permanecerá infranqueable; acaso porque el remedio será peor que la enfermedad, acaso por compromiso ético o mero respeto a quien paga por ser atendido, acaso por un rotundo no ante el que resulta mejor evitar preguntas…, pero de cierta frontera es poco recomendable pasar.
Por Alberto Lati, 23 de octubre, 2017
